Tener trabajo pendiente en mantenimiento no necesariamente es un problema.
De hecho, cierto nivel de backlog es normal y puede ser útil para planificar recursos, preparar materiales y organizar las actividades de las próximas semanas.
El problema comienza cuando nadie sabe exactamente:
cuánto trabajo está pendiente, qué tan antiguo es, qué tan crítico resulta o si el equipo de mantenimiento tiene capacidad real para atenderlo.
En ese momento, el backlog deja de ser una herramienta de planeación y comienza a convertirse en una acumulación de riesgos.
Órdenes preventivas atrasadas, anomalías sin corregir, reparaciones temporales y trabajos de baja prioridad pueden permanecer abiertos durante semanas o meses hasta que alguno de ellos termina convirtiéndose en una emergencia.
Por eso administrar el backlog no significa simplemente reducir el número de órdenes abiertas.
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