Los motores diésel industriales operan bajo condiciones extremas: altas cargas, ciclos prolongados, ambientes con polvo, humedad, vibración y variaciones térmicas constantes. A diferencia de los motores automotrices, una falla en un motor diésel industrial no solo implica una reparación, sino paros no programados, pérdidas de producción, riesgos de seguridad y costos indirectos elevados.
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